Esta obra bien podría considerarse el inicio de un nuevo género de aventuras: el de Cuerdas y Espada. Con letra y música, nos narra las andanzas de Amir Baksh, músico-caballero andante de la Orden de Los Guerreros Trovadores. Empeñado en encontrar la mítica Melodía del Paraíso, melodía esta “de perfección abrumadora, capaz de erradicar el egoísmo y exorcizar los males de los corazones”, experimentará placeres armoniosos y también penurias discordantes. Acordes afinadísimos hallará en su camino, pero también cacofónicas criaturas ejercerán su demoníaco rol de obstáculos que el juglar-gladiador deberá salvar. El engaño, la traición y las falsas ilusiones, tratarán de apartarlo de la senda de las siete estrellas azules alineadas con el cuarto creciente, clave fundamental de la ansiada melodía. Ogros, doncellas en apuros, y otros entuertos, demorarán el encuentro, pero entre pieza y pieza de exquisita composición, su sable justiciero, ese que solo aquellos espíritus capaces de comprender la belleza —nada menos— pueden esgrimir, abrirá paso a sangre y talento, con virtuosismo e improvisación.
Las entonadas letras de Eduardo Mazzitelli encienden los detonadores de las infinitas posibilidades imaginativas a la hora de plasmar una escena fantástica. La complicidad con Quique Alcatena, es ya un clásico de la mejor historieta mundial.
En este caso, los lápices y las tintas del singular creador de tantas piezas inolvidables, llena los blancos con poética geometría en la diagramación, melodiosa soltura en el arabesco e inmaculada precisión en el detalle.
La infalible dupla, nos lleva aquí por un pentagramado sendero de música y acción, delirio, intriga e ilusión. Con Amir y su corcel Diapasón. Con la premisa de cumplir su misión, con sus preciadas armas: con el sable y el laúd.

EL SABLE Y EL LAÚD

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Esta obra bien podría considerarse el inicio de un nuevo género de aventuras: el de Cuerdas y Espada. Con letra y música, nos narra las andanzas de Amir Baksh, músico-caballero andante de la Orden de Los Guerreros Trovadores. Empeñado en encontrar la mítica Melodía del Paraíso, melodía esta “de perfección abrumadora, capaz de erradicar el egoísmo y exorcizar los males de los corazones”, experimentará placeres armoniosos y también penurias discordantes. Acordes afinadísimos hallará en su camino, pero también cacofónicas criaturas ejercerán su demoníaco rol de obstáculos que el juglar-gladiador deberá salvar. El engaño, la traición y las falsas ilusiones, tratarán de apartarlo de la senda de las siete estrellas azules alineadas con el cuarto creciente, clave fundamental de la ansiada melodía. Ogros, doncellas en apuros, y otros entuertos, demorarán el encuentro, pero entre pieza y pieza de exquisita composición, su sable justiciero, ese que solo aquellos espíritus capaces de comprender la belleza —nada menos— pueden esgrimir, abrirá paso a sangre y talento, con virtuosismo e improvisación.
Las entonadas letras de Eduardo Mazzitelli encienden los detonadores de las infinitas posibilidades imaginativas a la hora de plasmar una escena fantástica. La complicidad con Quique Alcatena, es ya un clásico de la mejor historieta mundial.
En este caso, los lápices y las tintas del singular creador de tantas piezas inolvidables, llena los blancos con poética geometría en la diagramación, melodiosa soltura en el arabesco e inmaculada precisión en el detalle.
La infalible dupla, nos lleva aquí por un pentagramado sendero de música y acción, delirio, intriga e ilusión. Con Amir y su corcel Diapasón. Con la premisa de cumplir su misión, con sus preciadas armas: con el sable y el laúd.